Capítulos de Copas Rotas, Cap.04 ‘De bacán a bocón’

Yo podría crear el paraíso con Vladimir en menos de siete días…

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Comer o no comer antes de la fiesta... ahí está el dilema...

Hay fiestas en las que la idea de irte rápido es lo más emocionante que podría sucederte. Así que ahí estaba yo, saliendo de la discoteca con ganas de llegar a casa rápido a ver capítulos viejos del Chavo del 8 y mientras reclamaba mi chaqueta lo conocí, se llamaba Vladimir y también estaba reclamando su abrigo. Empezamos a conversar sobre lo mala que estaba la música, sin embargo, tras  una tanda de electrónica me invitó a bailar. Cuatro canciones más tarde éramos un asunto de física y química pura. Dos salsas después me dijo que nos fuéramos a casa, a su casa…

Por: Alvaro Emiliani

Mientras íbamos en su carro supe que tenía 29 años, era director de cine y fan de los Beach Boys, me decía que le gustaba mi sonrisa y la manera en la que pronunciaba su nombre. El era ese tipo de hombre con el que tienes dos conversaciones simultáneas, una con él y otra en tu mente pensando en la luna de miel y cómo se lo presentarías a tu familia. Si el manejaba a 70 km por hora mi cabeza iba a 180.

Yo podría crear el paraíso con Vladimir en menos de siete días.

Media hora más tarde, ya en su casa, yo me había convertido en un volcán de emociones y antojos, pero Vladimir solo quería hablar. Cuando conoces a alguien, estas en su casa, él te gusta y tú a él ¿De qué se puede conversar a las 3 am?

   

Mientras él destapaba el Whiskey yo abría la caja de Pandora, le empecé a hablar de nuestra compatibilidad astral. ERROR. Le conté como me copié de Pilar durante 5 años para pasar matemáticas y como no le perdoné que la eximieran del examen final en once grado. ERROR. Finalmente le dije de cómo me inventé que mi amiga Michel había cambiado su virginidad por un sobre de gelatina de fresa. ERROR. Lo acepto, nunca he sido bueno para guardar secretos en especial los míos.

¿Estaba siendo tan abierto que estoy pasando de amigable a indecente?

Cuando dos personas se atraen y quieren conocerse, ¿por dónde empezar? Parecía que la adrenalina de conocer al hombre de mis sueños convertía mi noche en una pesadilla, me sentía completamente deshidratado. Antes de que volviera a tomar el control de la charla, Vladimir tomó la iniciativa y las riendas de la noche, sus besos fueron la mejor manera de mantenerme en silencio.

Mi sueño había dejado de ser una pesadilla, ahora era una fantasía que ya acumulaba dos orgasmos, entre la adrenalina y la emoción, estaba en su cama prometiendo no volver a tomar la iniciativa de ninguna conversación mientras no pudiera controlar mis emociones. Y justo ahí, a su lado, en su cama, en su casa, cuando pensaba tenía el control de lo que podría decir y juraba mantenerme en silencio, pasó lo último que podía pasarme: me tiré un pedo.

Cómo si a mi vida le cupiera una pregunta existencialista más…

Lo escuché y simplemente me puse a tararear una canción de Missy Elliot. Mortificado me cercioré que Vladimir estuviera bien dormido para emprender mi huida. Ya había amanecido así que tomé mis cosas y en punticas me acerqué a la puerta solo para darme cuenta que no tenía llaves para la puerta de salida del edificio.

En ese instante Vladimir se paró al baño y entre dormido y despierto me abrió la puerta de salida. Creo susurró que me llamaría, pero en mi mente solo retumbaba el sonido del pedo, era como un tinnitus. Camino a casa me encontré con una de las amigas con las que estaba en la discoteca antes de conocer a Vladimir, nos sentamos a desayunar y me contó todas las aventuras que sucedieron en la pista de baile y cuando me preguntó y tu ¿Qué te hiciste? ¿Qué hiciste anoche? Solo le contesté…

La digestión…

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