Capítulos de Copas Rotas, Cap.02. El rechazo y otras adicciones…

Esa tarde perdí el examen de historia del arte, pero me gané una segunda cita llena de dudas...

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Esa noche a duras penas podía sostenerme...

Era una de esas noches a la que le dices “Sí” a la primera oportunidad de salir de casa, así que yo dije “Sí” a una catarata de aguardiente con mi amiga Anita y su hermana La Baby. Licor, rancheras y chismes, mi tipo de cardio. Una botella y media más tarde, cantando una canción de Ana Gabriel, ya había olvidado al menos dos sílabas de mi nombre, era momento de retirarse.

Mientras rezaba para que la resaca del día siguiente perdonara mis pecados y esperaba un taxi, lo conocí. Se llamaba Alejandro. Estaba fascinado, pero a duras penas podía vocalizar, así que inventé que mi dificultad para hablar era por un procedimiento odontológico, creo que mi ingenuidad le pareció graciosa. Su mirada lo decía todo, pero su boca solo me pidió mi teléfono.

Por: Alvaro Emiliani

Al día siguiente, mientras las burbujas de la sal de frutas hacían sus efectos, busqué a Alejandro en Facebook. Era actor, su sonrisa era contagiosa y tenía muchos amigos. Decidí enviarle un mensaje y varios minutos después, a pesar de no ser el gran conversador, decía las cosas más apropiadas: “¿Almorzamos esta semana?”.

Y así, tres días después y tres horas antes de mi examen de historia del arte, almorzábamos  Alejandro y yo. Sonreía con facilidad, le gustaba mi humor y la comida china. Frente a frente, en nuestra mesa había comida agridulce, comida caliente y una pregunta fría e inesperada “¿Qué buscas?”.

No supe contestar, tenía la barriga vacía y la cabeza llena de curiosidad.

Una hora más tarde estaba en mi examen de historia del arte, entre romanticismo y modernismo pensaba si la pregunta “¿Qué buscas?” en una cita entre dos personas que se gustan y se acaban de conocer merece una única respuesta, o hay múltiples. Yo busco sentir y que mi cita no sea un sociópata, pero Alejandro fue muy claro: no quería nada serio. Sin embargo, tras nuestro almuerzo, me envió un mensaje de texto diciéndome que quería que nos volviéramos a ver… En un mundo en el que no saber qué quieres es un problema serio ¿Qué tan serio puede ser no querer algo serio?

Esa tarde perdí el examen de historia del arte, pero me gané una segunda cita llena de dudas…

Mientras pensaba qué buscaba hoy en día en una relación, encontré́ conversaciones ideales sobre romance, dramas y comedias con Alejandro, el actor que no quería nada serio, pero conversaba conmigo todos los días. Si el había tomado la iniciativa para nuestra primera cita, ahora yo concretaría la segunda. Ese viernes lo invité a cine, la oportunidad ideal para estar juntos, lado a lado en la obscuridad, pero él ya tenía planes.

El domingo lo invité a desayunar, el momento perfecto para llegar a su corazón con una parada estratégica en su barriga, pero estaba ayunando. Así que fue toda una sorpresa cuando dos días más tarde me dijo que estaba cerca a mi casa, que si me animaba a un café con patas, que consistía básicamente en comprar 350 mililitros de café y tomárnoslo mientras caminábamos sin rumbo. No tengo una buena relación con la cafeína y el cardio simultáneamente, pero una segunda cita con Alejandro podría cambiarlo todo.

Hora y media de caminada pasó entre risas y películas románticas de los 90’s. Todas esas conversaciones por teléfono eran más emocionantes en persona con sus ojos verdes y sus manos grandes sosteniendo el café y mi mano. A una cuadra de mi casa, mientras sentía sus dedos entrelazados con los míos, me acerqué para darle un beso. Me miró a los ojos, se inclinó hacia atrás y lo evitó…

Fingí que estaba tratando de descubrir qué colonia usaba.

Esa noche a duras penas podía sostenerme. Entre la caminada, Alejandro rechazando mis besos y la cafeína que todavía me hormigueaba por las articulaciones, necesitaba un descanso. En ese momento recibí un mensaje de texto de Alejandro, me invitaba a cenar el viernes y mi respuesta fue un rotundo “Sí”. Puse mis pies en agua caliente y traté de enfriar mi mente.

¿Qué pasa cuando tu suspiras mucho y él aspira a poco? ¿Por qué disfrutaba tanto y me quería ver con alguien que siempre dice “No” y yo siempre digo “Sí”? No lo podía creer ¿era su rechazo mi nueva adicción? Cuando conoces a alguien lo único que buscas es conocerlo para saber qué tipo de relación puedes querer llegar a querer. Pero si antes de conocerte te dice que no quiere ningún tipo de formalidades, que no quiere nada serio ¿Qué tan en serio te quiere conocer? Si te escribe todos los días, pero no siempre te puede ver , si te toma de la mano, pero no te quiere besar, si no quiere nada serio, pero tendrás una tercera cita con él. ¿Te rechazan a largo plazo pero a corto no?

Esta decidido, se acabó la barra libre de los “sí”, en serio. Llegué a mi cita sin expectativas y con un poco de hambre. Mientras me saboreaba mi segundo margarita y la entrada, Alejandro me hablaba sobre cómo encontrar emoción en un crucigrama y buen humor en un lunes. Fue ahí, justo ahí, que encontré nuestro primer beso…y el segundo…y el tercero.

Cuando mis expectativas bajaron, las sorpresas llegaron. Finalmente los hechos se nivelaban con mis ganas. Me levanté a la barra por un tercer margarita y de regreso a la mesa vi que hablaba por teléfono, dijo “Estoy acá en plan amigos, nada serio, termino rápido y nos vamos a pasarla de puta madre. Estaba disfrutando de un juego en el que siempre sería el ganador. Fue al baño y me tomé ese margarita como si fuera agua en el desierto…

Ya sabía lo que buscaba con Alejandro, dejarlo de ver, en serio.

Quizás no sepamos lo que queremos desde un principio, pero sí sabemos lo que merecemos. Quizás tampoco quería algo serio, pero quería sentir que me querían conocer en serio. Bajo mis términos y mis condiciones, me fui de ese restaurante como si estuviesen regalando iPods en la esquina. Dejé dinero para la cuenta y mis ganas de volverlo a ver sobre la mesa. Dije “no” a Alejandro y me dije “sí” a mí.

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