Capítulos de Copas Rotas, Cap.03. El diablo esta en los detalles…

Esa fue la primera vez que sentí me decía la verdad...

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Un cóctel de alcohol, pasteles y mentiras

Hay un momento de tu vida, cuando te mudas de ciudad, tus padres te dicen que mantengas tu atención en tus objetivos, tus amigos más lanzados te dicen que prestes atención a los lugares a dónde va la gente más sexy y tus amigos románticos te dicen que estés atento a las señales del amor. Ese Sábado en la noche estaba rendido ante mi objetivo, mi chico sexy, mi señal del amor: Nauffal. Yo tengo una debilidad por las pecas en la espalda, las cejas gruesas y el sarcasmo sutil, él era mi kriptonita…

Nos conocimos hacía 3 semanas mientras estábamos bailando y 3 semanas después coqueteábamos de Lunes a Viernes y luego salíamos de fiesta de Sábado a Domingo. Así que ahí estábamos, haciéndole huecos a la pista de baile con tecno merengue. Hice una parada técnica en la barra para recargarnos de vodka en las rocas, el combustible de la noche. En medio de la adrenalina y mientras esperaba el licor vi algo que no esperaba, parecía que Nauffal estaba cruzando miradas con alguien más, sin embargo, no le presté atención. Brindamos, lo miré a los ojos, sonrió, me derretí y bailamos hasta el amanecer una vez más.

Domingo, 12 horas más tarde, bailando un tango con la resaca, Nauffal me acompañaba a comprarle un regalo de cumpleaños a mi amigo Juan. Mi atención estaba en camiseta, la suya estaba en alguien más una vez más. Dos strikes en menos de 24 horas…

Por: Alvaro Emiliani

¿Era esto un hábito, un indicio o una señal?

El Martes fui a almorzar con mi amiga Anita. Estábamos en un buffet, todo lo que pueda comer, todos los chismes que pueda contar… Anita era un camaleón, si el amor es un proceso evolutivo, ella era la personificación de la adaptación evolutiva. Si había atracción, ganas y respeto ella resolvía. Anita siempre decía que los hombres están llenos de impulsos y solo tienen control sobre una parte de su cuerpo: los pies para salir corriendo.

Le conté de mis 3 semanas quemando calorías con Nauffal y de mi nuevo descubrimiento: su talento para desnudar a todos con la mirada a parte de mi. En algún punto entre mi tercera Coca-Cola y el postre Anita me dio un consejo que me puso en modo digestión antes de lo planeado:

Si deseas que las cosasevolucionen tienes que saber adaptarte. Si los hechos son claros, te llama, te busca, baila contigo, ese es tu chico. Si mira a otros, es normal, ve con calma, quizás esto termine en un buen trio y tu habrás encontrado tu media naranja con adición extra de banana...

Camino a casa no dejaba de pensar en las palabras de Anita. Enamoramiento, hechos, probabilidades. Desde que nos conocimos, Nauffal y yo hablábamos compulsivamente de sueños, música, sexo y cada fin de semana bailábamos juntos hasta el amanecer. Hechos versus una manía que no lograba entender. Yo estaba sobre la línea entre querer y olvidar pero erainevitable que me preguntara… Si todos tenemos manías y pequeños detalles y el enamoramiento esta lleno de detalles que enamoran ¿Qué tan atentos al detalle debemos ser a la hora de abrir nuestro corazón?

Esa digestión se convirtió en mi terapia de la Gestalt.

Decidí no dejarme llevar por mi manía de dudar y más bien llevé a Nauffal a la inauguración de una pastelería. Así que ahí estábamos, una vez más hablando de sueños, música y sexo mientras yo me comía mi peso en brownies, estábamos pasándola ideal, era un hecho. Salí un momento a contestar una llamada, era Anita y mientras le decía que viniera a conocer a mi chico y compartir la culpa de comer todo este chocolate cuando vi como Nauffal no dejaba de mirar y admirar la vitrina.

Si en un mismo lugar hay postres de chocolate, vainilla, carne y hueso es difícil que tus babas y tu mirada se mantengan en el mismo lugar. Esta vez era distinto, ya no observaba con disimulo ahora se acercaba disimuladamente a alguien más, parecía que estaban intercambiando teléfonos. El guardó un papel en su bolsillo y la compostura mientras yo me sentaba en la mesa. 2 mil calorías después me dijo que se iría a casa a descansar, se despidió con un abrazo y yo pedí una porción del pastel WTF para llevar.

Si yo abusé del azúcar, Nauffal había abusado de mi paciencia.

En tiempos en los que la palabras no dicen nada, las miradas hablan y los hechos son prueba mi enamoramiento había terminado. Necesitaba un break, una barra libre y un amigo. Me fui a nadar en cerveza con mi amigo Beto. Mientras nos hundíamos en licor y flotábamos en música electrónica lo vi… sí, era Nauffal entrando al bar con el chico de la pastelería… (trágame tierra)

Yo era 75% alcohol y nunca vi más claro: el mentía, esa era su verdadera manía. Así que me acerqué con la firme intención de recitarle los diez mandamientos, los pecados capitales y todo lo que se perdería, pero entre el alcohol, los brownies y la música sonando tan alto como mi shock, grité algo así…

– Cabrón, si me dices qué soy para ti, no dudaré en hacerte feliz… Odio quererte y… Odio tener que gritártelo.

Me di media vuelta, tomé la mano de Beto y me fui. No quería dudar más, no quería suponer más, no quería esperar más. Mientras salía el sol y Beto y yo nos preguntábamos a que sabría el Pedialite con vodka recibí un mensaje de texto de Nauffal “Lo siento, no valgo la pena”. Esa fue la primera vez que sentí me decía la verdad.

Lee también: Capítulos de Copas Rotas, Cap.02. El rechazo y otras adicciones…

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