Capítulos de Copas Rotas, Cap.01 Generación “I”…

Historias de cuarentena...

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Este es el primer viaje de una grupo de historias que inician con la pandemia...

Una vez me dijeron que buscara dentro de mi corazón por aquello que quería para mi, pero parece que entre más profunda es la búsqueda más altas son mis expectativas con el mundo exterior. Un día tomé mi maleta y me fui a Bogotá, a estar más cerca de las estrellas, trabajar en una carrera profesional estelar, tener orgasmos que me lleven a la luna y un amor que me haga ver estrellas. Un año después siento que estoy más cerca de hacer Big Bang que de cualquiera de las opciones anteriores. 

Por: Alvaro Emiliani

Aquí todos queremos lo mismo, amor, éxito, compañía y un trasporte publico que funcione. Utilizamos afirmaciones, decretamos, le pedimos al universo en voz alta y en silencio, que nos de lo que queremos, eso si, como lo queremos y cuando lo queremos esperando que universo nos cumpla bajo nuestras condiciones. Si todos venimos del mono y a todos nos tratan de clasificar en generación X, Y , Z, etcétera, todos venimos del mono y de la generación I: insatisfechos.

Nos faltan horas de sueño, nos sobran sueños por cumplir, menos es más, más es más, lo mejor esta por venir, pedimos rebaja, pedimos extra e incluso buscamos una media naranja para hacer un trio.

Era Domingo y 3 veinteañeros insatisfechos se marinaban en vino. A mi derecha estaba Juan, estudiaba medicina y era un gran fan del amor, su corazón era científico y soñador. 6 meses de relación con Eduardo lo llenaban de adrenalina y felicidad. A mi izquierda estaba Alberto, no creía en las etiquetas, estudiaba negocios internacionales y sin duda había aprendido a negociar y disfrutar con hombres y mujeres, era bisexual.

Y en la mitad estaba yo, preguntándome cual es el porcentaje de amor y de buen sexo en la expresión “hacer el amor”. Yo estudiaba marketing de moda. Entre telas y estrategias que aprendía como todo es relativo: la belleza, las tallas y las etiquetas. Y fue frente a una maquina de coser me pregunté por primera vez ¿Augusto se verá mejor a mi lado o encima mío este Otoño/Invierno? Augusto era un abogado de treinta y tantos con el que chateaba. 15 días de intensivas charlas por chat y ya sabía que le encantaba el mar, los brownies y su trabajo.

Un hombre tan ocupado y organizado que sea lo que fuera que sucedía entre los dos sucedía de lunes a Viernes de 7pm a 9 pm de Lunes a Viernes. Estaba fascinado con su sarcasmo con excelente ortografía y sus fotos. Chatear ya no era suficiente. Lo quería tener enfrente y que su humor ácido me hiciera un peeling mientras sus ojos verdes me miraban, así que faltando 3 minutos para las 9 pm lo invité a salir.

Dos días después y sin respuesta de Augusto, Juan me invitó a cenar con su novio Eduardo, quería que compartiéramos un rato y nos conociéramos. Llevaban 6 meses saliendo y las cosas iban viento en popa. Eduardo era varios años mayor que Juan, el hombre tenía buen humor, buenos modales y buenas intenciones.

En el restaurante, 4 mil calorías después me sentía en la cita ajena perfecta, cuando recibí un mensaje de texto de Juan “Voy a terminar con Eduardo, el esta muy enamorado”. Me quedé en shock , Si Juan estudiaba para ser médico ¿Qué clase de doctor le daría la espalda a un corazón abierto?

Camino a casa no podía dejar de pensar en que un príncipe azul sería ejecutado. Meses escuchando a Juan hablarme de todo el peso que había perdido enamorándose de Eduardo y de las ilusiones que había ganado, nunca me esperé que le diera la espalda al compromiso justo antes de que llegara el postre. Si de niños soñamos con salvar el mundo para luego de grandes soñar a que un príncipe, o alguien de la realeza nos recate del circo de la soledad..

¿Qué pasa cuando lo que verdaderamente nos parece romántico es el rescate y no el príncipe? Quizás Cenicienta lo que verdaderamente quería era salir del abuso de su casa y primero estuvo agradecida con el príncipe y casualmente se enamoró de el con el tiempo… Todos queremos la emoción del enamoramiento pero le ponemos el freno de mano al compromiso. En el amor ¿Nos hemos vuelto exigentes o existencialistas?

Un día más sin noticias de Augusto. Su estado pasó de “conectado” a “ausente”. No quise insistir y fui a verme con Alberto, el había sobrevivido a otro tipo de trio, uno más divertido que el mío. Alberto es bisexual, disfruta del sexo en general sin restricciones. Siempre que me contaba de sus aventuras suspiraba y sonreía, su sonrisa era un termómetro de amor y placer, desde un pequeño suspiro hasta ver todos su dientes blancos emocionados, pero cada historia terminaba con un silencio. El siempre había tenido novias hasta que conoció a Maurizio, un hombre exitoso, caballeroso y tan seguro de si mismo que puso a dudar al más seguro de los bisexuales.

Entre orgasmos y atardeceres, un día Maurizio le hizo la propuesta más indecente que se le podía hacer a Alberto: ser su novio. Alberto entró en pánico, no sabía si era por la monogamia o por el compromiso. En ocasiones cuando buscas quien eres, encuentras a un hombre maravilloso antes de encontrarte a ti. Alberto prefirió seguir con la búsqueda antes de encontrar en Maurizio algo más que un buen amante. Desde entonces siguió explorando su sexualidad en la que, quizás, más es más, pero nunca suficiente para olvidarlo…

Su cuerpo quería placer, pero su corazón quería a Mauricio.

¿Existe una báscula para calcular el peso de nuestras decisiones? Mientras yo estrenaba 2 kilos nuevos en mi cuerpo tras comer mojarras y pisco sour con Alberto sin parar, Juan estudiaba para su examen de cardiología. Habían pasado varios días sin hablar con Eduardo, mientras evaluaba su relación prefería concentrarse en sus evaluaciones académicas, esa noche el tema era cardiología. Entre venas, arterias y mucha sangre, Juan se preguntaba por cual de esas había llegado Eduardo a su corazón. Buscando memorizar 30 fotocopias del sistema circulatorio, recibió una llamada de Eduardo, el sabía que Juan lo estaba evitando pero solo lo llamaba para escucharlo estudiar en voz alta.

Juan quedó mudo, sorprendido al escuchar las palabras de Eduardo y antes de empezar a recitar cuantas veces late un corazón por minuto se dio cuenta la falta que le hacía Eduardo. Esa noche el silencio fue más que suficiente para darse cuenta que su corazón latía entre 70 y 105 veces por minuto cuando estaba con Eduardo, un poco más que un corazón promedio.

Queremos lo que queremos, cuando lo queremos y como lo queremos, pero quizás el amor es un poco de lo que queremos, un poco de lo que necesitamos y magia, en el momento menos esperado.

Ese Viernes iba caminando a casa con mi amiga La Pocha, hablando de moda, tendencias y lo poco chic que era la falta de noticias de Augusto. Para mi era suficiente su silencio para pasar la página, pero La Pocha me daba los pros y los contra de insistir y no suponer.

En medio de nuestra caminada me di cuenta de que no tenía las llaves de casa en el bolsillo de siempre. Desocupamos mi bolso, del que salían botellas de coca-cola vacías, fotocopias del horóscopo chino y brownies. Sin noticias de mis llaves, decidí pedir un taxi y mientras veía dónde nos encontrábamos me di cuenta que estábamos frente al edificio de Augusto. La Pocha me dijo que era una señal y tomó mis brownies y los entregó en la portería de parte mía para Augusto.Al llegar a casa encontré mis llaves y un mensaje de Augusto: “Qué dulce sorpresa. Disculpa la falta de noticias, exceso de trabajo. ¿Almorzamos el Sábado? Yo cocino”

4 brownies machucados convirtieron a Augusto, el hombre invisible, a mi cita el Sábado. Quizás nos cueste sentirnos satisfechos con la alquimia entre lo que deseamos, lo que necesitamos y la realidad, pero la vida siempre sabe como sorprendernos…

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